Una primavera que reivindicó al Gayo

Las autoridades, estupefactas, observan derruida una puesta en escena que año con año abanderaba un inexistente espíritu estudiantil.

Escampa en la húmeda mañana. Millares de alumnos se disponen a marchar hacia Plaza de Armas. La gigantesca masa de jóvenes viste playeras y camisas blancas, como lo marca la tradición, como lo dictan las reglas de un evento escolar que no volverá a ser el mismo.

 

Dentro del gentío hay algo que contrasta. Un par de manchas confrontan la uniformidad de los arropados con prendas claras; son los contingentes de protesta.

 

El femenil viste de morado y sostiene al frente una lona que anuncia: “Las mujeres estudiantes de la UJAT exigimos un alto al acoso sexual y al encubrimiento institucional”. También traen consigo pancartas que llevan de un lado a otro mientas conversan, murmuran o ríen.

 

Son las 8:15 A.M y detrás del grupo de alumnas se vislumbra el de varones, ataviados de acuerdo a la invitación que días antes circuló en redes sociales, en la cual se incitaba al estudiantado a que asistieran con ropa negra al Gayo Universitario.

 

El Gayo es una caminata en la cual se conmemora el natalicio de Benito Juárez y la hermandad que supuestamente enlaza a la comunidad universitaria con el Poder Ejecutivo estatal. Sin embargo, un sinfín de paradojas gravita en torno a este festejo.

 

*   *   *

 

Inicia el recorrido liderado por el gobernador de Tabasco y el rector de la UJAT. Ambos, que se encuentran frente al Instituto Juárez en la avenida 27 de Febrero, dan su primer paso con rumbo al Palacio de Gobierno donde ya se encuentra lista una tarima para que los oradores pronuncien sus arengas cargadas de elogios a los funcionarios antes mencionados y sus respectivas administraciones.

 

Inmediatamente estalla, inexorable, el repertorio de consignas que los contingentes de protesta habían preparado. Son estudiantes, en su gran mayoría, de las licenciaturas en Sociología e Historia.

 

No superan el centenar y aún con ello las entonaciones que corean son las únicas que transmiten, de golpe, pasión y energía. Así lo dejan en claro las miradas atónitas, expectantes, de los ciudadanos ajenos al desfile que divisan el acontecimiento sobre las banquetas.

 

Sin previo aviso, el tropel se detiene. Han tomado el Gayo. Los contingentes que se hayan detrás de los manifestantes también suspenden su caminata. No tienen manera de seguir adelante.

 

La marcha queda ahorcada justo en su punto de arranque; el Instituto Juárez. Ahí se encuentran, sobre una tribuna, el animador y un conjunto musical que presuntamente amenizan el momento. La tribuna también es tomada.

 

Un alumno sube y, vociferando las incesantes consignas, logra suplir al comentarista mientras al unísono resuena: “Acoso sexual, problema de la UJAT”.

 

Desde los balcones del recinto que otrora fuese lo que hoy se conoce como Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, las cámaras oficiales captan toda imagen del tumulto, mientras que el resto de los, aquellos que no quedaron detrás de la protesta, continúan su trayecto hacia Plaza de Armas.

*   *   *

 

El Gayo Universitario es, o fue, una contradicción en sus distintos términos. Desde lo semántico hasta lo alegórico.

 

Se realizó por primera vez en 1906 y su peculiaridad se encumbró en 1913, debido al encarcelamiento de algunos estudiantes que protestaron en el evento por los magnicidios de Madero y Pino Suárez.

 

El aprisionamiento de esos estudiantes se convirtió en una de las razones que daban sentido al Gayo. Con la anual marcha, gobierno y universidad estrechaban la mano para transmitir a la sociedad la idea de que el despotismo y la represión contra el alumnado crítico no regresarían jamás.

 

Sin embargo, la realidad dista mucho de tal creencia. Una abundante cantidad de problemáticas dentro de la UJAT han dado pie a esta escena de insurrección.

 

Los contingentes de protesta deciden continuar el recorrido. El objetivo es aún mayor; exhibir y enlistar ante los medios de comunicación congregados en Plaza de Armas la serie de omisiones y encubrimientos en torno a casos de hostigamiento sexual dentro de la universidad.

 

Traen consigo, por si fuera poco, los resultados de una encuesta que arroja nombres y apellidos de los principales profesores que acosan sexualmente a las alumnas de la División Académica de Ciencias Sociales y Humanidades.

 

Llegan a los pies del antiguo Cine Sheba, en la esquina de 27 de Febrero y la avenida Francisco I. Madero. Las proclamas no cesan.

 

“Estudiar y aprender/

para al pueblo defender”.

 

Incluso satirizan:

 

“A ti que estás mirando/

también te están chingando”.

 

La pétrea mirada de Pino Suárez, quién se yergue sobre una inservible fuente, observa el par de impetuosos contingentes que lo cruzan para luego pasar bajo el puente Manuel Pérez Merino, doblar en Ignacio Allende, y pisar Plaza de Armas.

 

*    *   *

 

Llegaron, pero todo es difuso. El mar de alumnos que cubre la gran explanada los minimiza, y es en este momento cuando suben a la plataforma que se encuentra en el extremo opuesto a la tarima de las autoridades.

 

El estruendo de sus consignas vuelve a retumbar, capturando con ello la atención absoluta de la multitud. 90 metros adelante, el presídium nota lo que ocurre y a pesar de ello continúa con su programa; ensalzamiento a los cuates y su impecable labor en pro de la educación.

Cuando la llovizna regresa los manifestantes reparan en que sus quejas no están siendo lo suficientemente efectivas. Deben avanzar para encarar a los directivos de la universidad. Y lo hacen.

 

Bajan de la plataforma que cualquier otro día es utilizada para acrobacias con patinetas. Se abren paso entre sus compañeros de ropa blanca, surcando entre quienes los avizoran perplejos.

 

La prensa ya cubre el momento, con transmisiones en vivo para una audiencia que se multiplica cada segundo.

 

Logran arribar al frente, detenidos por las vallas metálicas que protegen a los altos funcionarios del peor de sus temores, el temor a la crítica. Pero hoy no los resguardan ni las vallas, ni los guaruras, ni toda la maquinaria de censura que por decenas de años los mantuvo a salvo de la verdad.

 

En este instante, las balas verbales continúan disparándose contra el paredón de la posteridad: “Acoso sexual, problema de la UJAT. Acoso sexual, problema de la UJAT”.

 
Las autoridades, estupefactas, observan derruida una puesta en escena que año con año abanderaba un inexistente espíritu estudiantil.

 

Los minutos transcurren y la imborrable escena, como la lluvia, toma fuerza.

 

Rectoría, en una desesperada medida para tratar de desviar la atención de la implacable protesta, apuesta por el espectáculo circense. Ordenan a un grupo de alumnos hacer piruetas y una pirámide humana. No funciona, nadie le pone interés a su show.

 

Algunos funcionarios optan por huir disimuladamente. Bajan del entarimado, tratando de esquivar a los reporteros que los interrogan sobre el acontecimiento que ocurre.

 

Uno de los que no logran escapar es el rector José Manuel Piña Gutiérrez, quien en plena entrevista y con un tono farsante califica como “malos entendidos” dos denuncias por acoso sexual interpuestas hace algunos años.

 

*   *   *

 

En otra época el Gayo Universitario concluía en el Parque Juárez, frente a la estatua del expresidente oaxaqueño.

 

Pero la naturaleza del político, aquella que insaciablemente busca que en todo momento se le rinda pleitesía, convirtió el desfile en una concentración masiva para rendir culto a la personalidad del gobernador, del rector y de sus incondicionales.

 

A pesar de ello, hoy la historia dio un giro en dirección del pensamiento pensante, del levantamiento de las conciencias. Hoy una minoría —que mañana puede ser mayoría— demolió el muro de las apariencias tras el que se ocultaban los abusos y atropellos de ciertos personajes que trabajan en la UJAT.

 

Los minutos transcurren y el reloj ya marca las 9:22. Pareciera que todo ha concluido. Sobre la tarima sólo se encuentra personal de intendencia que comienza a desmontar el escenario. De igual modo inicia el desarme de las vallas. Uno de los encargados susurra: “Ahora sí pásenle”.

 

*   *   *

Plaza de Armas quedó atrás, ahora atraviesan la zona luz de Villahermosa. Su finalidad es acabar la jornada como lo sugiere el ideal juarista de antaño.

La próxima parada es el Parque Juárez y mientras tanto se abren camino entre las calles peatonales del centro de la ciudad, alterando la paz de los comensales que desde temprano acuden a las cafeterías.

Los demás ciudadanos, aquellos que se dirigen a su trabajo o que simplemente deambulan por el lugar, también observan con curiosidad la marcha y escuchan con inquietud sus tonadas.

Cuando llegan a su destino, los estudiantes notan que hay una escalera frente a la escultura del Benemérito de la Américas. Uno de ellos, apresurado, sube hasta colocarse a la altura de las hojas que sostiene Juárez en su mano izquierda y amarra un pañuelo morado en ellas. Antes de que se retiren, la misma persona subirá a quitarlo.

A los discursos que se comienzan a pronunciar los acompaña un pliego petitorio, el cual exige entre sus puntos la democratización universitaria, misma que de existir impediría que los directores de las divisiones académicas impongan en la sociedad de alumnos planillas a modo.

La retórica manipuladora de muchos maestros de las distintas carreras logró convencer a sus aprendices de que el Gayo era un evento casi religioso, el cual merecía toda la devoción para que su inmaculada imagen no se viese manchada.

Tal doctrina orilló a muchos alumnos a pronunciarse en contra de la protesta que se avecinaba. A propósito de dicha inverosimilitud, se escucha entre las arengas:

“Algunos compañeros creen que nosotros atentamos contra el espíritu universitario, pero compañeros, ¿qué no es acaso la democracia, la libertad de expresión, la justicia y el abrazo al humanismo lo que enarbola la universidad?”.


Tuvieron que pasar décadas para que la caminata lograra una resignificación. Hasta hace un año el evento se asemejaba en toda su estructura a un mitin priísta.

Los estudiantes, prácticamente en su totalidad, eran comisionados —acarreados— y el instrumento de coacción en vez de una torta eran unos puntos extras en determinada materia.

Es claro que acaba de irrumpir en el gris panorama un movimiento estudiantil que sentará las bases para que la crítica y la exigencia de mejores servicios se vuelvan una costumbre.

Por si el simbolismo no bastase, hoy 20 de marzo de 2019, inició la primavera.

Crónica publicada originalmente en el portal Articulario.com el 20 de abril de 2019.

Deja un comentario