La 4ta Transformación: la historia los juzgará

Hay mucha gente que hasta el día de hoy, a casi tres años de que Andrés Manuel López Obrador ganó con más del 50% de los votos las elecciones para ser presidente de nuestro país, se sigue preguntando: ¿qué es la 4T?

Desde el momento en que nuestro mandatario decidió nombrar a su movimiento como “la cuarta transformación” puso la vara muy alta, pues como sabemos las otras fueron —las mencionó en orden cronológico­— la lucha de Independencia, la Reforma y la Revolución.

La primera, encabezada por el cura Hidalgo, fue la liberación después de 300 años bajo el yugo de la corona española; La Reforma, lucha entre liberales y conservadores, se desató después de que ambos bandos políticos quisieran imponer sus condiciones en el territorio nacional. Benito Juárez, quien fungía como presidente en ese tiempo, quería establecer un sistema constitucional, en el que dejarían de haber tantos privilegios para la clase dominante —me suena familiar— como lo fue en el tiempo de la Colonia y el primer Imperio.

La Revolución mexicana fue la tercera de estas transformaciones, más de tres décadas del general Porfirio Díaz en el poder fueron suficientes para provocar en la gente una sed de cambio.

Es posible ahora, sin ingenuidad, preguntarse por la transformación responsable y ética, la 4T, ¿representará un verdadero cambio en nuestro territorio?

Todo lo que AMLO dijo en campaña, todo lo que ha propuesto son sin duda las bases para lo que él quiere en el futuro del país: bajar los sueldos de jefes en las instituciones de gobierno, nuevas políticas públicas, eliminar el fuero, incluso cambio en las instituciones públicas, algo que vemos claramente en el ahora conocido INSABI, todo eso parece ser bueno para nuestra nación.

Sin embargo, hay algo que no me ha parecido correcto: aceptar a personas que fueron militantes de los partidos que en el pasado eran los dueños del poder y además formaron parte (algunos) de gabinetes presidenciales, pues en ellos igual recae la culpa de todas las tropelías que han perjudicado a nuestro país.

¿Les suena el nombre de Manuel Bartlett? Actual director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Hace ya algunos sexenios se encargó de la Secretaría de Gobernación durante el periodo del ex presidente Miguel de la Madrid, y también tuvo su puesto en el gabinete de Carlos Salinas de Gortari.

Apoco no recuerdan que Esteban Moctezuma, ahora secretario de la SEP, fungió como el titular de la Secretaría de Gobernación durante del mandato de Ernesto Zedillo.

Si aún con esos nombres no refrescan la memoria, les cuento de alguien más local, Evaristo Hernández Cruz, quien fuera diputado en el Congreso de nuestro estado por la bancada del PRI, asumió en 2006 la presidencia municipal de Centro por el mismo tricolor. 

En 2018 fue uno de los muchos oportunistas que se sumaron a la sinergia ventajosa que conducía López Obrador y ganó de nueva cuenta las elecciones para ser presidente municipal.

La lista puede ser más larga, pero no nos aburriremos con eso. Es muy claro que no son los ideales los que tienen en sus puestos actuales a esas personas, son sus relaciones, las ganas de mantenerse vigentes en la clase política y el quedarse sin “chamba”.

“Su integridad voló, su identidad se fue detrás, el amor nada entre recuerdos y vestigios de otros tiempos, los valores a la compra y el hombre que encontrarás ya no defiende ni a su gente, ni sirve más que al dinero, le supo envolver el juego de que esto es la libertad, la democracia y la aproximación al tiempo del progreso y la miseria en las calles que siga pidiendo pan y la ignorancia, la violencia; y los ausentes, los derechos”.  Manifiesta Fernando Delgadillo en su canción “Enseña Nacional”, y cabe perfectamente en lo que estamos abordando.

Y es que muy atrás en nuestra historia han quedado los caudillos que dieron su vida por ver mejor a nuestra nación, otra pregunta que nos haríamos es si a la larga habrá valido la pena, muchos dirían que no, pues las cosas en el país no han cambiado mucho, empero, yo creo que, sí cambiaron bastante y que, si hoy tengo la posibilidad de escribir este texto, es igual gracias a ellos.

Las tres batallas mencionadas al inicio del texto significaron cambios importantes para el país, la Independencia acabó con la monarquía o el virreinato, la Reforma, aparte de la separación de la iglesia del Estado, nos dejó la Constitución de 1857.

La Revolución, por su parte, dejó  huella en la Carta Magna de 1917, es decir que, para llegar a ser llamada como una transformación, algo que sería histórico, porque a cambio de las otras esta se combate sin armas, con la “honestidad” por delante y con el ejemplo que impone el presidente, la 4T tiene que presentarnos cambios legislativos que se adecuen a nuestros tiempos, sobre todo que sean un precedente para el resto de nuestra historia. Al final de cuentas, es ella misma quien los va a juzgar.

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