Radiografía de una Colombia masacrada: reclamos de justicia desde el Parque La Choca

La convocatoria señalaba que el encuentro pacífico en solidaridad con Colombia sería el viernes 07 a las 08:00 de la noche en el Parque La Choca. Sin embargo, el pequeño contingente estaba reunido desde mucho antes.

Cuando el evento inició, algunos de los asistentes sostenían banderas colombianas, pancartas y veladoras. El orador principal, vestido con playera amarilla y estola, emitió varios mensajes en representación de la comunidad colombiana radicada en Tabasco. En uno de ellos se sumó a la exigencia internacional que solicita la renuncia del presidente Iván Duque.

Antes de que finalizara el fugaz evento, Ana Ximena Ruiz tomó la palabra para criticar las violaciones a derechos humanos perpetradas por los cuerpos policiales de Colombia:

«Nosotros desde acá rechazamos todos esos actos de violencia que se cometen contra la población civil, contra la población que está saliendo a marchar», mencionó.

Ana Ximena es originaria de la ciudad de Popayán, departamento del Cauca, una de las regiones más azotadas por la represión gubernamental desatada contra los manifestantes que completan ya 12 días de protestas.

En entrevista para el Frente Crítico Estudiantil, la activista Ana Ximena Ruiz ofreció una radiografía sobre lo que ocurre en su país de origen: las negociaciones y el acuerdo de paz entre la guerrilla y el gobierno, la necesidad de atender la cuestión agraria, el retorno del uribismo y el paramilitarismo, asesinatos y desapariciones de activistas, narcotráfico, el incumplimiento del acuerdo por parte del gobierno, mala gestión durante la emergencia sanitaria y las problemáticas estructurales relacionadas con la salud, educación, empleo y vivienda, lo que ya habría provocado movilizaciones populares hace dos años.

“Esta cantidad de problemáticas que se han venido agudizando —que no es de ahorita, sino que se han ido enraizando con los años— provocaron que en el 2019 tuviéramos una movilización muy fuerte, muy importante en Colombia, que también fue reprimida. Lo mismo en 2020, sin embargo, la situación de la pandemia hizo que este activismo se tuviera que paralizar por la emergencia sanitaria”, detalla Ana Ximena mientras los asistentes al acto comienzan a retirarse del Parque La Choca, de Villahermosa. 

Como recordaremos, por aquel entonces habían conatos de rebelión en varios puntos de América Latina: Haití, Ecuador, Chile y Honduras, relacionados con el rechazo a reformas neoliberales.

Esta vez no es la excepción, y justo una reforma de este corte fue la que atizó nuevamente el conflicto en el país de Botero y Mutis:

“El gobierno en uno de sus intentos de —supuestamente— salvar la economía del país, implementa una reforma tributaria que afecta mucho a la población, principalmente a los estratos más pobres y a la clase media. Por ejemplo, una de las cosas que intentaron hacer, fue subirle el precio a la gasolina y aumentar los impuestos, lo que obviamente afecta directamente al pueblo. A raíz de esta situación, es que la gente sale a las calles el 28 abril para tumbar esta reforma. Lo logramos. Pero todavía hay más problemáticas que necesitan atenderse de manera urgente. El pueblo colombiano ya se cansó”.

El cansancio del que habla Ximena, es resultado de una de las guerras más añejas del continente: la de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) contra el gobierno nacional.

Fundadas desde 1964, las FARC fue uno de los grupos guerrilleros más poderosos del mundo, hasta que en 2016 volvieron a la civilidad mediante un acuerdo de paz, impulsado por el gobierno de Juan Manuel Santos —lo que la valió un premio Nobel. Sin embargo, lo que se vislumbraba como el preámbulo de la paz, se vio frustrado por la campaña mediática orquestada por el uribismo —la derecha recalcitrante y paramilitarista de Colombia— que veía en este acuerdo el triunfo de la «subversión comunista». Así pues, la polarización y el relato del miedo condujeron al poder a Iván Duque, quien dista bastante de la política conciliadora de su antecesor.

Al respecto, nuestra entrevistada comenta:

“Pese a ese acuerdo de paz que se firmó, lamentablemente hay muchos grupos disidentes de las FARC que retornaron a los territorios en su apuesta por la lucha armada, justamente a raíz del incumplimiento del gobierno. Entonces a raíz de ello, del incumplimiento, hay una retoma de las armas, hecho que no avalamos bajo ninguna circunstancia. Este gobierno no tiene voluntad política para cumplir ese acuerdo de paz”.

Y añade:

“En Colombia, además de estos grupos insurgentes, también existen grupos paramilitares, que son grupos que surgen a raíz del tema del narcotráfico. También tenemos la presencia de redes criminales, incluso la presencia de cárteles de México, que son los que están haciendo atentados contra la población civil que está llevando a cabo el proceso de erradicación de cultivos de uso ilícito. Apenas la semana pasada, en el municipio de Caldona, asesinaron a una lidereza indígena que estaba reivindicando el derecho de la población a vivir en paz. Entonces, tenemos distintos grupos armados que están violando los derechos humanos de los colombianos. Hay un recrudecimiento de la guerra, no lo podemos negar, y justamente por eso estamos protestando, porque necesitamos que el

gobierno tome medidas reales para acabar con la guerra”.

“Estamos cansados del uribismo, porque el uribismo supuestamente implementó un plan para acabar con los grupos subversivos, y lamentablemente hoy podemos decir que tenemos 6,402 víctimas de falsos positivos del gobierno de Álvaro Uribe”, puntualiza Ana Ximena, quien trabaja en la Corporación de Mujeres Ecofeministas Comunitar, una ONG ubicada en el departamento del Cauca.

Por otra parte, en materia de servicios públicos y derechos sociales Colombia no tiene un mejor panorama:

“La situación de la salud es bastante crítica, se ha convertido en un negocio. No te puedes enfermar porque no hay medicamentos, no hay citas disponibles, hay hacinamiento de pacientes, no hay infraestructura y la poca que hay está a punto de colapsar.”

“En cuanto a la renta básica —que es una propuesta que se le hizo al gobierno para aumentar el subsidio que se le da a la población más vulnerable, por todo lo que ha sucedido en el marco de la pandemia—, muchos desempleados, muchas mujeres, muchas personas están apenas sobreviviendo con ese recurso que es un mínimo, son 160 mil pesos colombianos cada dos meses —850 pesos mexicanos—, y ahora lo que se está buscando es que se amplíe ese monto de la renta básica”.

“Los estudiantes también están participando muy activamente en las protestas, exigiendo la matrícula cero, que significa que no queremos que las chicas y los chicos tengan que pagar por la matrícula y que el ingreso a las escuelas sea con todas las medidas y garantías para que puedan desempeñarse adecuadamente y sin riesgos, porque en educación tampoco contamos con la infraestructura idónea, no hay internet en las escuelas que ahorita es tan esencial; hay muchas chicas y chicos en zonas rurales que por esa situación ahora no pueden llevar clases. Entonces, vemos que hay un declive en ese tema”.

“También tenemos el problema de las fumigaciones forzadas de glifosato. Uno de los puntos del acuerdo de paz, tiene que ver con la erradicación manual y concertada de los cultivos de uso ilícito —amapola, mariguna, coca— y sobre esto no se ha avanzado, al contrario, vemos un aumento en los casos de violaciones hacia las defensoras y defensores de derechos humanos que justamente están trabajando este tema de la erradicación junto con las organizaciones sociales que han abonado muchos esfuerzos, sin apoyo del Estado, nada más con la iniciativa de las comunidades, y aun así, el gobierno no ha cumplido los acuerdos en

torno a este tema”.

“Y en cuanto a la violencia que se ejerce contra las mujeres y contra la comunidad LGBTTI, es otro de los puntos que está en la agenda de negociación del comité del paro».

Ante este recuento de los problemas que azotan a Colombia, cuestionamos a Ximena si basta con la consigna «Fuera Duque»:

“No, no basta, porque definitivamente las problemáticas del país son problemáticas que llevan muchísimos años, somos un pueblo empobrecido. Hace poco el DANE —Departamento Administrativo Nacional de Estadística— sacó un estudio en el que millones de colombianos viven con el menos del salario mínimo —unos cinco mil pesos mexicanos al mes— y de ese porcentaje, hay otro que vive con la mitad. Esa pobreza genera desigualdades, genera asimetrías sociales, genera que la población no pueda acceder a salud, educación, vivienda, trabajo, y eso, obviamente es lo que hace que la gente salga a las calles a protestar”.

Sobre el comportamiento de la comunidad internacional, evalúa:

“Al principio, vimos a la comunidad internacional muy callada, con mucho silencio. Sin embargo, ahorita vemos que la comunidad internacional está alzando la voz, está rechazando el uso desmedido de la fuerza pública en las manifestaciones. Las manifestaciones han sido pacíficas, y cuando hay actos de vandalismo, son infiltrados del propio gobierno”.

“En términos generales, sentimos que la comunidad internacional está respaldando a la sociedad civil de colombia, pues nuestras reivindicaciones son justas y ha llamado al gobierno para que entable diálogo, para que se siente a concertar con las organizaciones sociales y para que respete los derechos humanos”.

Para culminar la entrevista, Ana Ximena se dirige a los tabasqueños:

“Yo quisiera decirle al pueblo de Tabasco que en Colombia nos están matando, que hasta el día miércoles 6 de mayo, había 86 personas desaparecidas en el marco de las protestas. Hoy son más de 100 y más de 30 personas asesinadas. Esos son los reportes de las organizaciones sociales. Están reprimiendo, están desapareciendo personas, están asesinando, están violando mujeres como una forma de castigo por protestar, incluso están interviniendo las redes, bloqueando las comunicaciones, entonces yo le pido a la sociedad tabasqueña a que den apoyo y seguimiento, porque de verdad, lo que está pasando en Colombia es una masacre”.

Al apagar la grabadora, el acto ya se ha terminado y sólo quedan unas cuantas personas tomando la obligada foto con las banderas y las pancartas. Ximena se retira con sus compañeras y la gente continúa la vida nocturna de este parque cada vez más gentrificado. Mientras tanto, el mundo sigue de cerca lo que ocurre en Colombia.

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