Un 10 de mayo en la costa de la ausencia

Por: Salvador Murillo Alamillo

Aproximadamente diez sujetos armados arribaron a un taller ubicado en la Av. Universidad 1204 de Coatzacoalcos. Sustrajeron de ahí a Rosendo Vázquez Peña, al dueño del taller, y a dos personas más. Era el mediodía del 25 de septiembre de 2015 y en las horas siguientes las sustracciones continuarían hasta sumar por lo menos 30 personas desaparecidas en esta ciudad costera.

Casi seis años después Virginia Peña, madre de Rosendo, continúa buscándolo. Hoy es 10 de mayo de 2021 y ella trae una playera estampada con la imágen de su hijo, también porta una gorra negra con la interrogante “¿Dónde están?” y con las dos manos sujeta una lona donde se detallan los datos del joven ausente.

Doña Virginia se encuentra acompañada por decenas de familias de personas desaparecidas. Todas están reunidas en la Plaza de la Paz del malecón de Coatzacoalcos esperando a que den las 10:00 de la mañana para iniciar una marcha con la intención de fortalecer la memoria y acrecentar la esperanza.

El objetivo de todas ellas es muy claro: quieren encontrar a sus hijos, hermanos, esposos o padres, y para ello utilizan todos los medios y estrategias que se encuentran a su alcance. Van desde la difusión de fichas de búsqueda en espacios públicos y redes sociales, hasta los rastreos en campo, una labor que en ocasiones da como resultado el hallazgo de fosas clandestinas con restos humanos.

De norte a sur Veracruz vive el horror de una crisis de desaparecidos que no se detiene. Fue precisamente en este estado donde se halló en 2016 la fosa más grande del país y de la cual se exhumaron más de 22,000 restos óseos. No fueron las autoridades quienes la encontraron, sino el Solecito, un colectivo de madres de hijos desaparecidos.

Al igual que las integrantes del Solecito, cientos de familiares tomaron la decisión de unirse en colectivos de búsqueda en todo el territorio veracruzano. Doña Virginia es una de ellas, se incorporó a Madres en Búsqueda Coatzacoalcos luego de que a Rosendo se lo llevaran del taller de reparación de motocicletas en el que trabajaba.

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Después de tomarse una fotografía grupal mostrando las pancartas y las lonas de sus desaparecidos, las familias reunidas en la Plaza de la Paz se colocan en la calle. Comienza a escucharse desde una bocina la canción Búsqueda, escrita por las integrantes de Madres en Búsqueda Coatzacoalcos e interpretada por Arturo Muñoz “Carcará”.

Cuando el sonido de la melodía se extingue, surgen las consignas cargadas de exigencia:

“Ahora, ahora, se hace indispensable,

presentación con vida y castigo a los culpables”.

 

Al frente de la manifestación y coreando las consignas con un micrófono va Lenit Enríquez Orozco, directora del colectivo. Ella busca a su hermano Jhonith Enríquez Orozco desde el 11 de mayo de 2015, fecha en la que fue sustraído de un domicilio por sujetos que portaban uniformes de la policía estatal.

La desaparición de Jhonith, al igual que la de Rosendo Vázquez Peña, se enmarca en un contexto de desaparición forzada masiva. Aquel 11 de mayo de 2015 y en los primeros minutos del día siguiente fueron privados de su libertad en total cinco hombres. Hasta ahora se desconoce su paradero.

Para la mayoría de las familias que integran este grupo de búsqueda el dolor tiene un origen concreto: el Operativo Blindaje Coatzacoalcos.

Fue en 2014 cuando el entonces gobernador de Veracruz y hoy presidiario Javier Duarte anunció un plan de seguridad para tratar de contener la delincuencia en el sur de la entidad. Lo denominaron Operativo Blindaje Coatzacoalcos y al frente de su implementación estuvo Federico Rivas Valdés, subsecretario de Seguridad Pública estatal en aquellos años.

El Operativo, lejos de servir en materia de seguridad, sólo impulsó la ejecución de múltiples delitos perpetrados por policías de la Fuerza Civil de Veracruz y elementos del Ejército y la Marina.

Durante el sexenio de Duarte las desapariciones forzadas se convirtieron en una práctica sistemática, al grado de que sus más altos mandos policiacos pisaron la cárcel implicados en este delito.

A Roberto González Meza, exdirector de la Fuerza Civil de Veracruz, lo aprehendieron en Playa del Carmen el 7 de febrero de 2018, acusado de la desaparición de 15 personas.

El extitular de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, Arturo Bermúdez Zurita, fue detenido el 3 de febrero del 2017 por el delito de enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad y tráfico de influencias. Posteriormente la desaparición forzada se añadió a su listado de crímenes.

Incluso el exfiscal general de Veracruz, Luis Ángel Bravo Contreras, fue capturado en la Ciudad de México el 17 de junio de 2018, luego de que se le imputara el delito de desaparición forzada de personas en la modalidad de “entorpecer la investigación y apoyar a que los responsables de su comisión se eludieran de la acción de la justicia”.

Actualmente, los tres, han logrado salir de prisión.

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El contingente de Madres en Búsqueda Coatzacoalcos continúa su marcha por el malecón costero hasta encontrarse frente a una glorieta con la estatua de Miguel Hidalgo. Justo ahí giran en dirección a la Av. Paseo Miguel Alemán, dejando atrás el tenue oleaje del mar.

Entre las más de 80 personas que se encaminan rumbo al Parque Independencia hay tres hombres con trajes blancos de forense, uno de ellos sostiene en lo alto una varilla diseñada especialmente para realizar búsquedas de restos humanos en campo.

La técnica de la varilla es comúnmente conocida entre los colectivos de búsqueda de desaparecidos. Consiste en hundir la herramienta en el suelo para luego extraerla y olerla. La varilla puede salir oliendo a simple tierra o, en algunos casos, impregnada con el inconfundible olor de la muerte.

Conforme el recorrido avanza, dos pares de mujeres estampan en postes y paredes algunos carteles diseñados dentro del proyecto Narrativas y memorias de la desaparición en México. Los carteles plasman ilustraciones que preguntan, suplican, proclaman. Todos invitan a la reflexión y a una concientización que intente cambiar el relato que tanto ha estigmatizado a los desaparecidos.

Las consignas no cesan y de pronto se personalizan:

“Carlos Ignacio, escucha, tu madre está en la lucha”.

“Carlos Domínguez, escucha, tu padre está en la lucha”.

“Ángel Jaret, escucha, tu madre está en la lucha”.

 

Una niña camina sujetando una lona cuadrada con la imagen de Eleaquim Alvarado Villafuerte. Él, como Jhonith Enríquez, también desapareció el 11 de mayo de 2015. Hombres armados lo sacaron de su domicilio ubicado en la colonia Nueva Obrera de Coatzacoalcos.

Ese mismo día Héctor Manuel Facundo Ramos fue sustraído de su hogar por un comando. Su familia no ha parado de buscarlo y hoy se encuentran presentes en la manifestación.

Casi todas las madres que asistieron a la marcha buscan a personas adultas, pero en medio del grupo hay una señora con cubrebocas guinda que sostiene la ficha de búsqueda de un menor. En la fotografía se ve a Carlos Alberto Olán García con cabello castaño claro y piel morena. La última vez que su familia lo vio fue el 15 de febrero de 2020. Tenía 12 años cuando lo desaparecieron al salir de una iglesia.

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La marcha ingresa por una esquina al parque central de Coatzacoalcos. Ahí está, a unos metros, su destino: el Salón de Usos Múltiples. En este recinto se encuentra montada una exposición de obras realizadas por el colectivo de madres en una serie de talleres impartidos por la organización Técnicas Rudas y la Deutsche Welle Akademie.

En dos estantes con vitrinas en la parte superior se puede apreciar un conjunto de muñecas confeccionadas por las integrantes de Madres en Búsqueda Coatzacoalcos. Algunas buscadoras ven como representaciones de ellas mismas a estas muñecas y por ello bordaron sobre sus figuras los nombres de sus hijos y las palabras que pueden ser un soplo de resiliencia frente al angustiante dolor.

La exposición también está compuesta por amplias fotografías de las familias que conforman el colectivo; carteles de la campaña gráfica Narrativas vs la desaparición; y un libro en formato de acordeón que en su interior recopila poemas elaborados por el grupo de búsqueda.

Cerca de aquel libro plegable está don Manuel Cruz Domínguez. Tiene 58 años y porta una playera blanca sublimada con una imagen de su hijo José Manuel Cruz Pérez, quien fue raptado a las afueras de su casa horas después de que desaparecieran a Jhonith, a Eleaquim y a Héctor.

Don Manuel opina que han habido avances en materia de verdad y justicia desde que las familias de las víctimas comenzaron a unirse y a hacer presión social.

Anteriormente los estatutos judiciales estipulaban que se debía esperar un plazo de 72 horas para que las autoridades comenzaran la búsqueda de una persona no localizada, y con firmeza menciona don Manuel que: «hoy en día ya no, hoy en día por esta lucha de los colectivos a nivel federal se han llevado a cabo manifestaciones y hemos logrado que al momento de que tú sientas que te desapareció un familiar o un amigo acudas a tu Fiscalía y ellos tienen la responsabilidad de levantar el acta correspondiente en ese momento”.

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La extrema insensibilidad se materializó en una escena indignante. Una madre aguarda sentada en una banca de la Subunidad Integral de Procuración de Justicia del Distrito XXI, en Las Choapas, Veracruz, mientras a su lado se encuentra una bolsa negra. Dentro de ella están los restos de su hijo, que minutos antes le había entregado el funcionario Alberto Torres Rivera y el fiscal Lenin Juárez Jiménez.

Aquel acto, violatorio de todo protocolo, ilustra el nivel de crueldad e indolencia con el que se opera en diversos centros de justicia del país. El caso habría pasado desapercibido como muchos otros, no obstante, desde las redes sociales de Madres en Búsqueda Coatzacoalcos se expuso el suceso con la intención de mostrar la cotidiana realidad de los centros de justicia y exigir la renuncia de Torres Rivera y Juárez Jiménez.

El caso fue replicado pronto por medios de comunicación nacionales y culminó con el despido del funcionario y del fiscal. Luego de ello vino una serie de amenazas hacia la directora del colectivo, Lenit Enríquez. No es la primera vez que recibe intimidaciones por su labor pero sí la más reciente.

Para Lenit uno de los mayores logros de Madres en Búsqueda Coatzacoalcos fue colaborar en el diseño de la Ley Número 677 en Materia de Desaparición de Personas para el Estado de Veracruz, de la que se desprende la Comisión Estatal de Búsqueda y el Consejo Estatal Ciudadano, órgano desde el cual se emiten distintas recomendaciones a instituciones.

Sin embargo, no todo ha sido progreso en términos legislativos. Las familias de las víctimas de desaparición en México ven ante sus ojos concretarse un retroceso exponencial que toma forma en la nueva Ley de la Fiscalía General de la República, apodada también como “Ley Gertz”.

La inconformidad que despertó dicha Ley en los colectivos de búsqueda tiene su origen en que “justamente limita a las familias, limita la investigación y limita las búsquedas”, indica Lenit para luego expresar que: “fuimos poco escuchadas”.

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Quedan pocas personas en el Salón de Usos Múltiples. Las familias se han retirado paulatinamente después de que concluyeran los discursos y la presentación musical.

El semblante de doña Virginia Peña en este Día de las Madres ha sido melancólico. Ella con frecuencia asiste a las actividades de su colectivo: «hemos recorrido Colima, Guerrero, San Andrés, Catemaco, Santiago, toda la zona sur y una parte de otros lugares».

Doña Virginia considera que hoy no tiene nada que celebrar. Cuando termino de entrevistarla me pide que le tome una foto a una lona grande.

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